martes, 29 de abril de 2014

EL AHORA

“Si quieres conocer el pasado mira el presente que es su resultado. Si quieres conocer el futuro, mira el presente que es su causa.” Proverbio japonés.

En el cimiento de todo accionar humano está la búsqueda del deleite y el beneplácito que no es otra cosa que la persecución de esa permanente sensación deliciosa, de sutil complacencia que resulta de vivir el instante actual, sin el peso del ayer, ni del mañana, pues durante la existencia, todos los engaños provienen de vivir el presente desde la memoria, sin llegar a introducirse completamente en cada instante de vida, como sería lo ideal.

No es que no haya niveles de conciencia o que algo impida recorrerlos, sino que esto sólo se puede hacer desde el fugaz ahora, esto es, desde éste mismo instante presente y precioso en el cual se respira; sin embargo, en esencia parecería que nadie toma consciencia, ni dispone de la presencia del tiempo, pues sólo, El Ahora está presente y al mismo tiempo se escapa en cada instante, mientras engañosamente, el observador cree que vive del ayer y hacia el mañana.

Planificar el momento en que se tendrá tiempo para ser consciente de las sensaciones, es dejar de hacerlo ahora y en cierta forma proyectar no llegar a serlo jamás; es algo así como hacer listas de momentos de conciencia futuros que nunca llegan, porque siempre se están haciendo nuevas listas de momentos futuros que en el fondo, exclusivamente pertenecen a la inconsciencia.

Vivir en el pasado no requiere valor, pues ya se conoce, vivir en el futuro no requiere temple, pues no ha llegado. Vivir El Ahora, requiere de una naturaleza dispuesta a explorar la realidad, sin procurar que su devenir, encaje en el ese diseño previo preconcebido y que forma parte de un sueño que se hizo de ella.

El principio filosófico más extendido y aceptado en las culturas modernas, pregona que la felicidad eterna, es el fin último del hombre y recuerda que cualquier momento de felicidad, es sólo una pequeña muestra de lo que puede llegar a ser la esperada sensación de felicidad perenne.

Esos instantes especiales son sólo propiedad del ahora y cada uno de ellos, únicamente se presenta en su debido momento. Bueno que luego se recuerden, es el retorno a la experiencia.

La más elevada sabiduría oriental predica: “En la vida, encuentra El Ahora y encontrarás la puerta del éxito”.

Parafraseando su significado, puede decirse frente a cualquier actividad: “Encontrar El Ahora, es encontrar la decisión justa”.

La actuación perfecta se logra con la debida sincronización.

El ritmo, la secuencia, la cadencia y la fuerza, se conjugan simultáneamente en un sólo instante, para que como por arte de magia, interactúen, lo hacen cada instante, así que el observador se habitúa.

Ésta sana suma de energías combinadas y muchas más, simplemente componen: “El Ahora”. El tiempo y la mente son inseparables, así que al aislar el tiempo de la mente, esta se detendrá, a menos que se escoja usarla.

El ego, identificado con la mente permanece atrapado en el tiempo, debido a la compulsión de vivir casi exclusivamente a través de la memoria y del instinto de anticipación, lo cual genera una ocupación interminable frente al pasado y una preocupación latente ante el futuro, creando en consecuencia una negativa a reconocer y a honrar el presente.

La compulsión surge porque el pasado da la identidad y el futuro contiene promesas de realización en innumerables formas. En la práctica, ambas situaciones son ilusiones.

En el ámbito espiritual, el tiempo es una ilusión. Lo que el observador percibe como precioso, no es el lapso tiempo, sino el único instante que está presente en el tiempo: El Ahora. Este es ciertamente, lo único valioso.  En cuanto más se enfoque el observador en sentir el tiempo, sea pasado o futuro, más se diluye El Ahora, perdiéndose lo más precioso que hay.

Nunca nada ocurrió en el pasado, ocurrió en El Ahora. Nunca ocurrirá nada en el futuro; ocurrirá en El Ahora… Lo mismo que la luna no tiene luz propia, sino que puede solamente reflejar la luz del sol, así el pasado y el futuro son sólo pálidos reflejos de la luz, el poder y la realidad del presente eterno. Eckhart Tolle.

Es precioso porque es único. Es todo lo que hay. Se trata del presente eterno que es el espacio en donde se despliega la vida, como factor constante. La vida es ahora. No ha habido nunca un momento en el que la vida no fuese El Ahora, ni nunca lo habrá.

En segundo lugar, El Ahora, es el único punto que puede llevar al observador más allá de los confines limitados de la mente. Es el único punto de acceso al reino sempiterno, sin requerir del tiempo o de la forma.

Lo indescifrable, es que aunque que en todo momento o siempre es El Ahora, algunas veces no parece así ante el resultado obtenido, pues algunas veces parece pronto y cuando no es pronto, resulta tarde y si se espera mucho, aún podría ser nunca. Por ello, sólo existe un momento adecuado para obtener la realización plena.

“Recuerde, El Ahora no pasa rápido, sólo pasa profundamente”. Anónimo.

Resulta incómodo perder El Ahora, pues ello aparta al observador del presente. Cuando se pierde “El tempo” se falla. Tempo en este caso, resulta ser la total conjugación armónica del tiempo y el ritmo.

Cuando se pierde el equilibrio y la sincronización, se produce cierta desalineación y desconcentración, se falla en el ritmo y por tanto, se traba la motricidad y hasta se llega a dificultar el proceso de pensamiento. Resulta inútil intentar corregir de modo consciente cada uno de los elementos constituyentes por separado, ya que la mente no puede ajustarlos todos simultáneamente por falta de capacidad.

Sólo el “Yo interior” lo puede lograr, siempre que como condición mínima, el individuo se sitúe a propósito en real su punto de ubicación y a continuación, encuentre El Ahora.

El secreto para encontrar el ritmo, es encontrar El Ahora profundo, puesto que el Ser dispone de una inmensa inteligencia apozada en el inconsciente.

Si bien la mente produce una serie de ideas consecutivas, sólo el inconsciente tiene la capacidad de desempeñar millones de funciones y transformaciones simultáneas, con absoluta precisión y certeza, y sorprendentemente, es capaz de hacerlo en todo momento, sin mostrarlo.

Los detalles son importantes si se pretende que el desempeño resulte perfecto, para lograrlo, se debe empezar por trasformar profundamente El Ahora y distinguir claramente la sutil y dinámica línea divisoria consciente que pasa entre el pasado y el futuro, y ella misma confluye en El Ahora.

Dicen las enseñanzas del Zen que hay que saber diferenciar la situación vital, de la vida misma. La primera, es un argumento netamente mental que existe en el tiempo, mientras la segunda, es el instante de la vida real que se ubica exclusivamente en el Ya, en El Ahora.

Sumergirse en el momento presente y permanecer en quietud mientras la acción sucede, es el secreto de realización de la acción extraordinaria.

El presente permite organizar la acción y realizarla con coordinación e inteligencia. Pensar para visualizar está bien y resulta ser un proceso necesario; sin embargo, pensar demasiado para llevar a cabo una decisión, también puede llegar a estropear el resultado.

Mientras tanto, en ningún momento se debe olvidar al ‘Ego’; ese descomunal tropiezo invisible que se atraviesa en el camino de la realización, junto con la porción de la mente consciente que lo mueve, mecanismos que se han venido entrenando incansablemente durante toda la vida, para interponerse entre el Ser y El Ahora.

Es por medio de la interferencia, como ellos logran tomar el control de la acción.

Se trata de fuerzas que se contraponen, pues mientras la mente se ocupa de fantasear o de distraerse, el ‘Yo Interno’, intenta concentrarse, convirtiendo dicha interacción, en un permanente juego de nunca acabar.

Todas las distracciones, son intentos del ego y de la mente por conservar el dominio del devenir de los sucesos, puesto que la mente se rehúsa a renunciar a su dominio, manejo y autoridad, mientras el ego, pretende seguir alimentando su inmensa vanidad y lo hace en todo momento.

El ego, ese motor del ente hílico que en uso de sus artes de seducción y vestido con sus mejores galas, se presenta como el más fiel amigo del hombre, puede llegar convertirse en el peor enemigo de la trascendencia del Ser, misión a cargo de la Pneuma o espíritu, y que en el caso que la psique o alma, no inyecte en forma suficiente y oportuna las dosis de humildad necesarias para corregir la inmensa corriente generada por la ponzoñosa vanidad propia del primero, se produce una pérdida de reconocimiento del Ser interior”. Dennis Hebron.

Ante la presión, los nervios se derrumban, ya que la lógica es lineal, por lo tanto, no es tan profunda, como profunda puede ser la sabiduría del Ser que es holística.

Sin embargo, por otra parte la tensión proveniente de la prevención, bloquea la información, cortando la fluidez del inconsciente.

El miedo por ejemplo, causa paralización afectando el desarrollo y resultado de la acción, la cual con preferencia, exige toda la posible relajación que se pueda alcanzar.

Es el momento de dejar atrás el mundo de la abstracción mental del tiempo, de librarse de la mente loca que le drena la energía vital al Ser y así despertar del profundo sueño del tiempo, para ubicar el presente.

La relajación mental, es un valioso secreto espiritual, el mismo que en la India se llama “Aliento sutil” o “camino hacia el alma”.

Sumergirse profundamente en el Ser, es disponer del poder para organizar la acción con sincronía y obtener una fuerte focalización en función del propósito y así poder realizarla por fuerza de la inteligencia. Aliento sutil, también es sumergirse en el presente, cuyo acto esencial, se asimila con meditar.

La respiración que como antes se destacó, es un hecho fisiológico, resume y proyecta todo lo que las células hacen en esencia, pues a cada estado de ánimo, le corresponde un tipo de respiración específica. Si se quieren encontrar y reconocer los niveles más profundos de la mente y del cuerpo, la respiración es la guía más confiable, incluso va mucho más allá del alcance del pensamiento, pues éste puede engañarse o engañar, y hacer creer que todo está bien, en cambio, resulta imposible esconder estados como el miedo o la incomodidad que se manifiestan en las latentes expresiones de la respiración.

La respiración siempre está y permanece en El Ahora, mientras los pensamientos y las emociones se pueden mover o contener voluntariamente dentro de un amplio espectro de tiempo, espacios definidos por la mente según lo desee, aún sin tener que llegar a enfrentarlos. Entre más lejanas se encuentren la tensión y la resistencia, el observador logrará permanecer en forma más relajada, auténtica y natural.

El caos y la ansiedad, se constituyen en capas visibles del comportamiento que se asemejan a cortezas superficiales de la realidad. La vida quiere ser ordenada por la naturaleza desde su interior y para ello, es necesario abrir la puerta del entendimiento total. Una vez conocido que: “La puerta está abierta”, el objetivo es logrado con mayor profundidad y quietud, así, el Ser sabrá cómo lograr la maestría suficiente, para realizar la acción debida. Consecuentemente, la real maestría consiste en encontrar un estado espiritual exaltado y convertirlo en una experiencia habitual.

La clave de la vida consiste en aprovechar al máximo el momento presente, relegando el pasado a su enseñanza y tomando en paz la expectativa del futuro.

Se hace entonces una analogía del tiempo, con el manejo de tres cargas sobre los hombros a la vez. Una pesada, corresponde al pasado que lleva el abrumador peso de las penas, los fracasos y las heridas que si no, se curan, siempre sangran. Otra que puede ser no menos agobiadora, si no se maneja con el debido cuidado o si se le permite a lo esperado, obedecer a los miedos, la indefección, la cobardía o desfallecencia. Pero hay una carga que se puede hacer más liviana y fácil de llevar que es la que contiene las dificultades y alegrías de un solo día, el de hoy. Llevar por anticipado la carga del mañana junto con la del ayer, resulta inmanejable. Es un error cargar los tres sacos simultáneamente pues cada uno tiene su espacio en el tiempo.

Un sano proverbio dice: “Bástale a cada día con su afán”,

El día es para crecer y la noche para descansar. En la línea del tiempo El Ahora es la realidad, es el presente. Sucesivamente cada instante muere, dando campo a un nuevo momento, el cual, irrebatiblemente se convierte, en la única y verdadera posesión del ser viviente, así que cada día, se convierte en una vida entera en miniatura y su paso se siente, en la proporción de la motivación individual para vivirla.

La realización de cualquier actividad, por exigua que esta sea, se convierte si así se desea, en un viaje hacia la maestría, siempre y cuando se cultive bajo un estilo suave, sencillo y natural, similar al que se logra al transitar por un bien delineado sendero a lontananza. Igualmente, la maestría se pierde fácilmente cuando se es muy severo o estricto consigo mismo o con los demás; también se extingue, cuando se actúa indolentemente, igual sucede, cuando por negligencia, se da espacio a la ignorancia, o se permite a sí mismo el abandono, hasta llegar a la desidia.

“Si te sientas en el sendero, ponte frente a lo que aún has de andar y de espaldas a lo andado”. Proverbio japonés.

Ahora bien, no se debe olvidar que el funcionamiento del Ser, involucra permanentemente al ego, elemento siempre presente en el accionar del ente, el cual pretende determinar lo que el ser debe hacer, cómo se debe hacer y por ello lucha incansablemente, buscando figurar, ser el protagonista y mantener el control.

La mente a su vez, indica lo que hay que hacer y especialmente se refugia en recordar los elementos que considera influyentes; mientras los nervios, aquellos que permiten actuar, también participan activamente, dictando las emociones, así algunas de ellas resulten nocivas como son por ejemplo: la autocrítica, la duda y la pérdida de confianza, entre tantas otras.

Cuando los tres impulsos hablan al tiempo, esto es, el ego, la mente y los nervios, y en especial cuando hay contradicción entre ellos, parece entonces que hablara una confusa multitud, así que resulta necesario hacerlos callar, porque entre todos o alguno de ellos, dañan la armonía y por tanto, se interponen obstáculos en la correcta ejecución de la decisión escogida hacia la acción conveniente. Como resultado de la existencia de esta separación, no se percibe la unidad y por tanto, el individuo debe aprender cuando el sentido de la unidad se aleja y entonces, debe propugnar con toda su capacidad y a cualquier costo, encontrarla de nuevo.

Parte de la solución es prometerse que no se luchará contra sí mismo, pues armónicamente, pues el distanciamiento no es propiamente tener indiferencia o pasividad, sino alejarse para desde afuera, desarticular el ego, centrándose en activar el ‘Yo Interno’, y rindiéndose ante él sin temores, sin pretender ejercer el control y evitando emitir juicios perniciosos.

Distanciamiento, es entonces, tener una o varias visiones panorámicas de lo mismo, sea desde afuera, desde lo alto, desde lejos, desde cerca, desde adentro y desde cualquier otro ángulo que le sea posible acceder.

“Todo momento es frágil y huidizo. Por hermosos que sean, no pueden conservarse los momentos del pasado. Por gozosos que sean, no pueden guardarse los momentos del presente. Por deseables que sean, no pueden atraparse los momentos del futuro. Pero la mente se desespera por fijar el río en un solo lugar, poseída por las ideas del pasado o preocupada por las imágenes del futuro, mientras que pasa por alto la simple verdad del ahora. Quien pueda disolver el tiempo en su mente, descubrirá de repente el Tao a sus pies, y tendrá la claridad a la mano”. Lao Tsé.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Autor: Daniel García Vanegas.


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