martes, 12 de agosto de 2014

EL ESOTERISMO


“El conocimiento que llega desde dentro, es el verdadero conocimiento”. Sócrates.

Ya desde los tiempos de los clásicos griegos, el conocimiento occidental ha llevado a dilucidar diversos misterios y el pensamiento ha levantado muchos velos de superstición que interpretaban la verdad, aun cuando no ha sido una tarea fácil.

Dice Priya Hemenway en su libro: ‘El código Secreto’: “La importancia de la civilización egipcia como fuente de sabiduría es enorme. El templo de Uaset (actualmente Luxor), la primera universidad del mundo, llamada septer, fue construido durante el reinado de Amenhotep III (hacia 1391 a.C.). En su mejor época contaba con 80.000 estudiantes. Tales de Mileto, Platón, Aristóteles, Sócrates, Euclides, Pitágoras, Hipócrates, Arquímedes y Eurípides, estudiaron allí. El griego san Clemente de Alejandría dijo que ni en un libro de mil páginas se podrían registrar los nombre de todos los griegos que fueron a Kemet (nombre que daban los egipcios a su propio país; pues luego, fueron los griegos, quienes lo llamaron Egipto)”.

Los descubrimientos científicos han permitido cada vez más, comprender lo que los grandes maestros de la humanidad siempre han sabido y pregonado: “La verdad está en el interior del Ser… conócete a ti mismo”. Sin embargo, la constante manipulación en pro de intereses particulares casi impuestos, ha desviado la atención del observador y lo han alejado de ésta única realidad.

Nace entonces el esoterismo como práctica secreta y de difícil acceso. Esoterismo del griego έσώτερος [API /e'so:teros/]: ‘dentro, desde dentro, interior, íntimo’; unido al sufijo ‘–ismo’, es un término genérico usado para referirse al conjunto de conocimientos, enseñanzas, tradiciones, doctrinas, técnicas, prácticas o ritos de una corriente religiosa o filosófica, incomprensibles para los profanos.

Sus enseñanzas se transmiten pues, únicamente a una minoría selecta que requiere un cierto grado de iniciación para estudiarla y la necesidad de practicarla en su total profundidad. La postura esotérica insertó con mística y doctrinas, el acceso al conocimiento para que unos pocos elegidos, participaran del saber profundo.

La palabra proviene del latín mystĭca, misterio, trata la vida espiritual en voz baja y su conocimiento se mantiene oculto, dando acceso exclusivo a los escogidos. Su significado posteriormente derivó en devoción. Para las antiguas civilizaciones, la búsqueda del conocimiento era un marcado dominio exclusivo de ciertos grupos privilegiados que detentaban el poder y que dominaban las masas desde sus templos y palacios.

Pero mucho de esa sabiduría se ha podido rescatar, pues la historia muestra innumerables ejemplos, donde se resaltan principios apoyados en la búsqueda de la verdad, de la justicia y la equidad.

Tal es el caso atribuido a los Esenios, congregación judía, cuyo origen se remonta al hijo adoptivo de Moisés, llamado Esén, aproximadamente 1.500 años a.C. congregación que ofrece algunas visiones claras sobre la relación de unidad del hombre con la tierra, basados en las ciencias de su tiempo.

Esto se colige de los manuscritos del Mar Muerto o ‘Código de Isaiah’, escrito 500 años a.C., y encontrado en 1946 y llevado a la luz pública en los últimos 60 años, brindando acceso a tales secretos libremente, esto es, permaneciendo con sellos abiertos, a todos quienes quieran analizar las antiguas propuestas de interpretación sobre la libertad interior allí planteadas, y vigentes desde hace tanto tiempo.

La tradición esenia sugiere en principio la existencia de dos emociones esenciales, el amor en un extremo, concebido como la percepción de valor, la acción de la inclusión, la necesidad de compartir, y en el otro extremo, cualquier cosa que se le llegue a oponer, generalmente es asociada con fenómenos como la exclusión, la animadversión o el miedo. Además, de dichos manuscritos se desprende una marcada tendencia al determinismo cuando sostienen:

“Cualquier resultado que se pueda imaginar, y cada posibilidad que se pueda concebir, es un aspecto de la creación que ya ha sido creado y que siempre existe en el presente como un estado “latente de posibilidad”. Aseverando que el hombre no crea situaciones, sino que simplemente accede al resultado de una posibilidad ya antes existente. Código de Isaías.

Pitágoras ayudó a la ciencia de los números, disertando con luces asombrosas, ciertos aspectos de la naturaleza, aún las costumbres de los hombres y hasta las fuerzas sobrenaturales. Resalta que los números pares son los números de la justicia, resultado de la división igual de sus partes hasta llegar a la unidad. Y que en la igualdad, se encuentra la razón y el complemento de toda justicia.

Mostró la década como el límite y suma de todos los números. Indicó que los números superiores a diez, eran sólo un ensayo de los diez primeros, y por ello, atribuyó una gran dignidad a la decena. Dijo que los números impares eran análogos a las formas de las cosas naturales y los números pares a la materia, de donde concluyó que los números pares conducían a la inteligencia de las sustancias sensibles y los números impares a la inteligencia de las cosas espirituales.

La numerología abarca una amplia multiplicidad de elementos, sea la sucesión de los tiempos, el movimiento de los astros, la rotación de los cielos. Es la disposición que toda cosa tiene, como principio necesario del encadenamiento universal. Los números encierran dentro de su naturaleza las virtudes más extensas y más sublimes. Para el filósofo que intenta considerar cuán grandes y numerosas son las maravillas escondidas en las cosas naturales, su presencia es innegable, a pesar de la tendencia que producen los efectos sensibles que fuerzan al observador a suponer, antes que a ver.

Bien, el oriente asimismo hace grandes aportes al conocimiento de la humanidad, tal es el caso de la cultura china. Según la tradición, el transliterado Tao Te Ching, también llamado Dào Dé Jing cuya autoría se atribuye a Lao Tsé, es un texto clásico, cuyo nombre proviene de Dao ‘camino’ o proceso esencial e innominable del universo y de Dé ‘virtud’ o poder inherente " que junto con Jing, "libro clásico". Así, Daodejing, literalmente puede traducirse como: ‘Libro clásico de la senda y la virtud’.

Su contenido es considerado uno de los fundamentos del taoísmo filosófico y tuvo una gran influencia en otras escuelas, como el legalismo, el nuevo confucianismo y con el budismo que han sido interpretadas en gran medida, por los conceptos taoístas.

La filosofía china de la naturaleza, inspiró la cosmovisión de pensamiento taoísta, representada por artistas, pintores, calígrafos como fuente de inspiración. Su influencia se ha extendido allende de su origen, gracias a las traducciones a las numerosas traducciones disponibles.

Las cualidades de flexibilidad y suavidad son normalmente superiores a rigidez y resistencia. Toma el concepto de ‘camino de retorno’, no como el regreso al pasado, sino como un reencuentro consigo mismo, a través del aprendizaje cotidiano de la propia herencia. La práctica del Tao consiste en sustraerse día a día. La Nada es la esencia del Tao y el Ser espiritual es su función.

La palabra Ser no explica nada, pues tiene la ventaja de que se trata de un concepto abierto. No obstante, el Ser espiritual representa la vida eterna siempre presente y dada su esencia íntima, invisible e indestructible, evoca un estado natural de conexión con lo inconmensurable e indestructible, más allá del nombre y de la forma que se pueda percibir, sea en forma consciente o inconsciente.

El vocablo, no logra reducir lo infinito invisible a una entidad finita, sino que conserva su esencia y presencia, sin embargo su alcance, sólo es percibible bajo un estado consciente de perfecta quietud denominado: "sentimiento-realización", fenómeno que no puede ser entendido por la mente en toda su dimensión. El uso indiscriminado del término, tiende a comportarse igual que la palabra Dios, la cual se ha tornado vacía de significado, como producto de miles de años de abuso y mala utilización.

Asegura el maestro que para alcanzar el dominio del Tao es necesario primero congraciarse con la inmovilidad, sin ocuparse de las cosas del mundo dejando de lado el intelecto, el conocimiento, el deseo, el egoísmo y demás preconcepciones, dando al Ser una amplitud mental auténtica.

“Quien desee la admiración del mundo hará bien en amasar una gran fortuna y en gastarla después. El mundo responderá con admiración conforme al tamaño de su tesoro. Por supuesto, esto no tiene ningún sentido. Deja de luchar por la admiración. Coloca tu interés en el Tao. Vive de acuerdo con él, comparte con los demás las enseñanzas que llevan a él, y serás bañado por las bendiciones que fluyen de él. Lao Tsé.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas.

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