martes, 22 de diciembre de 2015

EL SOL INVICTO


EL SOL INVICTO

“Al hombre sensato le conviene indagar más acerca del origen de la más renombrada festividad de la humanidad”. Dennis Heron.
 Existen una gran cantidad de remotas celebraciones paganas donde habría establecido un culto al Sol en las fechas del 25 de Diciembre y en razón a que era una festividad que se veneraba en diferentes culturas y religiones, la élite cristiana tuvo a bien acomodar esta fecha, de modo que las fiestas paganas no relegasen al ostracismo la naciente creencia cristiana, así que se sacó de la chistera del mago, la fecha del nacimiento de Jesús obedeciendo a que dichas fechas estaban ya marcadas, plagiando una vez más, como en innumerables ocasiones, las festividades paganas más celebradas y sus más divulgadas parábolas y mitos.

Para unos el 25 de diciembre marcaba el aniversario del nacimiento del dios Sol: Mitra.

Así, las celebraciones romanas del solsticio de invierno enmarcan dos festividades que tenían objetivos idénticos y se llevaban a cabo los mismos días, la Saturnalia y la Brumalia.

Los Saturnales empezaban el 17 y se extendían hasta el 25 de diciembre, asociada con el nacimiento del dios Apolo que los romanos llamaron bruma; Lo hacían a la luz de velas y antorchas, por ser el período más oscuro del año dando origen al ‘Dies Natalis Solis Invicti’ o ‘Festival del Nacimiento del Sol Invicto’, período de luz en alusión al ‘renacimiento’ del Sol, lo que hoy se conserva como Navidad.

Por cuenta de esta celebración los romanos posponían todos los negocios y guerras, había intercambio de regalos, y liberaban temporalmente a sus esclavos. Tales tradiciones se asemejan a las actuales tradiciones de Navidad ya que se utilizaron para establecer un acoplamiento entre los dos días de fiesta.

De la celebración de tal fiesta, se tomó la idea de marcar el 25 de Diciembre como fecha del nacimiento de Jesucristo.

Los germanos y escandinavos celebraban el 26 de Diciembre el nacimiento de Frey, dios nórdico del Sol naciente, la lluvia y la fertilidad. En esas fiestas adornaban un árbol de hoja perenne, que representaba al Yggdrasil o árbol del Universo, costumbre que se transformó en el tradicional árbol de Navidad cuando llegó el Cristianismo al Norte de Europa.

Curiosamente los aztecas festejaban durante el invierno, el advenimiento de Huitzilopochtli, dios del sol y de la guerra, en el mes Panquetzaliztli, que equivaldría aproximadamente al período del 7 al 26 de Diciembre del calendario actual. Aprovechando tal coincidencia de fechas, los primeros evangelizadores, los religiosos agustinos, promovieron la celebración de la Navidad y así desapareció el culto al dios prehispánico y mantuvieron dicha celebración, dándole características cristianas.

Los incas celebraban cada año el renacimiento de Inti o el dios Sol, cuya fiesta era llamada Cápac Raymi o Fiesta del sol poderoso que por su extensión también abarcaba y daba nombre al mes, por ende este era el primer mes del calendario inca. Esta fiesta era la contraparte del Inti Raymi de junio, pues el 23 de Diciembre es el solsticio de verano austral y el Inti Raymi sucede en el solsticio de invierno austral. En el solsticio de verano austral el Sol alcanza su mayor poder (es viejo) y muere, pero vuelve a nacer para alcanzar su madurez en junio, luego declina hasta Diciembre, y así se completaría el ciclo de vida del Sol. Esta fiesta tenía una ceremonia de iniciación en la vida adulta de los varones jóvenes del imperio, dicha iniciación era conocida como Warachikuy.

Hoy en occidente, el 24 de diciembre se celebra la nochebuena y el 25 la navidad, ambos eventos relacionados con el nacimiento del niño Jesús, festividad creada e impuesta por la iglesia cristiana siguiendo las conmemoraciones paganas, aun cuando sus orígenes han sido enmascarados, por cuenta de alimentar la ignorancia y manipular las creencias, acomodando así lo que se debe adorar en determinadas fechas.

A través de los siglos, mucho se ha escrito acerca de la religión, de su significado, de su importancia y de su contribución a la humanidad. En Occidente en particular, montañas de tomos han sido compuestos sobre la naturaleza y los antecedentes históricos sobre los protagonistas.
Otros han tratado de profundizar en las muy escasas pistas existentes sobre la identidad histórica de Jesús, para buscar establecer una semblanza que revele el lado humano del hombre-dios, dada la importancia que reviste su figura para la cultura occidental.
Surge entonces una inusitada controversia alrededor de la existencia de Jesús, a partir de la falta de educación formal y amplia con respecto a la religión y a su base mitológica, ya que la mayoría de las personas son desconocedoras del tema, por cuenta de las enseñanzas impartidas desde niños que hacen énfasis en que no se deben cuestionar aspectos atenientes a dogmas de fe porque Dios lo ha revelado, y punto.
El cristianismo predica en la mayoría de las escuelas y las iglesias, que Jesucristo fue un personaje histórico real y la única controversia con respecto a él, surge del hecho que algunas personas lo aceptan como el Hijo de Dios y el Mesías, mientras que otros no lo hacen.
Sin embargo, mientras que sucede éste es un furioso debate, el cual no es el más importante, sorprende saber que en general, la controversia más perdurable y profunda debería ser si una persona llamada Jesucristo existió realmente, más allá de los mitos de tipo griego o romano, montados y perfeccionados durante siglos de alienación a los ‘creyentes’.
Por cierto, la biblia no menciona en ninguna parte que Jesucristo naciese el 25 de Diciembre, pues las épocas donde se intuye que posiblemente fue dado a luz son primavera, verano u otoño, bastante lejos de finales de diciembre. Al respecto dice el Diccionario Bíblico Conciso Holman; “En realidad no existen evidencias sobre la fecha exacta del nacimiento de Cristo”,
Por tanto, la Biblia no precisa la fecha del nacimiento de Jesús, aun cuando entre líneas sí contiene pruebas de que no tuvo lugar en diciembre. Fuentes profanas esclarecen las razones por las que se fijó su celebración en este día en particular. Jesús nació en la ciudad de Belén de Judea.
El Evangelio de Lucas relata: “Había en aquella zona pastores que vivían a campo raso y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños” (Lucas 2:4-8). Esto no es raro. “Los rebaños pasaban gran parte del año al aire libre”. En Palestina en tiempo de Jesús, los pastores con sus rebaños no acampaban a la intemperie en una fría noche de diciembre. Eso basta para probar que la fecha tradicional de Nochebuena, en invierno, tiene pocas probabilidades de ser exacta, puesto que el Evangelio dice que los pastores estaban en los campos.
Es de notar que la mayoría de los historiadores y biblistas rechazan el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús, pues esta fecha no puede coincidir con la del verdadero nacimiento de Jesús por razones climáticas. Además consideran que la época del año que se escogió para la Navidad era un tiempo en el que ya tenían lugar algunas festividades paganas.
Es más, la Enciclopedia de la Religión Católica observa: “La razón que llevó a la Iglesia romana a fijar la festividad en este día, parece ser su tendencia a suplantar las festividades paganas por otras cristianas. [...] ya que la adoración al sol está presente en una infinidad de culturas, donde los Dioses o avatares eran alegorías al sol, es decir, eran la personificación del Sol.
Es bien sabido que desde los orígenes de la humanidad, los hombres no sólo seguían al sol, también hacían un seguimiento exhaustivo a todas las estrellas que podían apreciar en el firmamento, estrellas que luego fueron clasificadas en constelaciones.
Un seguimiento cercano de la relación entre las creencias de diferentes culturas y los hechos astrológicos relacionados sirven para ilustrar el tema.
 Sobre el nacimiento, la historia dice que tres reyes siguen una estrella del oriente, la cual les guía para observar el nacimiento del redentor. Pues bien, la estrella del oriente es Sirio, que es la estrella más brillante de la bóveda celeste, la cual el 24 de diciembre se alinea con las tres estrellas del cinturón de Orión llamadas “Los tres Reyes”. Al revisar las culturas antiguas se ve la importancia que se tienen Sirio y Orión en las culturas antiguas.
 Entonces, los Tres Reyes o las estrellas de la constelación de Orión quedan alineadas perfectamente con la estrella del este Sirio y todas ellas apuntan al nacimiento del sol el 25 de diciembre, es por ello que se dice que los tres reyes siguen a la estrella del este para apreciar el nacimiento del mesías, el mismo sol.
 Al observar las imágenes creadas del supuesto nacimiento de Jesús, siempre hay una estrella muy brillante, esa estrella es Sirio, y luego se encuentran los tres reyes presenciando el nacimiento, lo que hace referencia al cinturón de Orión.
 Se trata de tener claro que tanto en la Biblia como en absolutamente todos los escritos antiguos y sagrados se escribe por medio de parábolas, metáforas de una forma muy alegórica o simbólica, es por ello que muy pocas cosas de tales escritos se pueden tomar en forma literal.
Jesús nació de una madre virgen y María hace referencia a la constelación de Virgo, pues Virgo en latín significa virgen. Mientras Virgo también es referido como “la casa de pan”, cuya constelación es representada con una mujer virgen sosteniendo un manojo de trigo. La casa de pan y su símbolo del trigo se asignan a agosto y septiembre, es decir, la fecha de la cosecha, en tanto Belén, igual se traduce literalmente como “casa de pan”.
 Belén, lugar donde supuestamente nació Jesús es una referencia a la constelación de Virgo, un lugar en el cielo, no en la tierra. Aunque bien es sabido que culturas antiguas como la egipcia o la maya entre muchas otras, intentaban representar lo que apreciaban en el cielo, en la tierra, de ahí se colige que las pirámides como Giza o Teotihuacan se encuentren perfectamente alineadas con el cinturón de Orión.
 Desde el momento que sucede el solsticio de verano hasta que ocurre el solsticio de invierno, paulatinamente los días se van haciendo más fríos y cortos. El hecho que el sol fuese apareciendo cada vez por menor lapso, haciendo los días más fríos y oscuros, produce que las plantas y cosechas muriesen poco a poco por la falta de calor, lo cual para las antiguas culturas, simbolizaba una lenta muerte del sol.
 Esto sucede hasta que finalmente, el día 22 de Diciembre el sol alcanza su punto más bajo visto desde la óptica del hemisferio norte, de modo que en ese momento deja de descender y mantiene esa misma posición durante tres días y entre tanto, el Sol permanece muy cerca de la constelación denominada “Cruz del Sur”, puesto que allí muere su semestral recorrido, para proceder a resucitar a renglón seguido.
 Entonces, a partir del 25 de diciembre, lo que significa tres días después de su muerte, el Sol vuelve a ascender poco a poco, anunciando días más largos y cálidos.
 Es por esta razón que se dice que cualquier divinidad que se corresponda con cualquier religión que siga al Sol, muere en la cruz, o sea, en la Constelación Cruz del Sur, para luego de tres días resucitar, momento cuando el astro rey vuelve a ascender, otorgando a partir de ahí, más luz y calor.
 Por otra parte, los doce discípulos hacen referencia a las doce constelaciones, por las cuales el sol, se mueve.
 La cruz zodiacal rodeada por un círculo representa al sol, no es la cruz cristiana, sino una forma que se obtiene recogiendo el centro del tránsito zodiacal que marca las estaciones, delimitando a su vez los solsticios y equinoccios. Al observar esa cruz, siempre aparece en las más antiguas representaciones de Jesucristo, donde se puede apreciar como en la parte posterior de su cabeza aparece dicha cruz, porque Jesús es simplemente asociado con la representación del sol.

Tanto es así que en la Biblia se pueden leer algunas citas que hacen referencia a Jesús, que son claras alegorías al sol:
-El sol de Dios, la luz del mundo.
-El salvador levantado, el que vendrá nuevamente como lo hace cada mañana.
-La gloria de Dios que defiende el mundo de la oscuridad.
-El que nace nuevamente cada mañana y puede verse viniendo entre las nubes, alto en el cielo, con su corona de espinas o rayos solares.
 Pues bien, de la misma forma que se ha puesto a Jesús de modelo, se pueden poner de ejemplo muchas otras deidades, las cuales son el sol personificado. Basta con hacer un recorrido por las antiguas culturas y ver su adoración al sol y revisar sus fiestas que son su culto, tal como: el Natalis Solis Invicti, Brumalia, Saturnalia entre las festividades paganas más reconocidas.
Los antepasados con razón le dan gran importancia al sol, las estrellas y las constelaciones en general. Su gran obsesión espiritual por el firmamento y por representarlo en la tierra, crearon todo tipo de cultos en sus escritos sagrados o en enormes monumentos construidos, producto de la intuición interior que dice que se tiene una conexión intensa con esas estrellas presentes desde los albores de la humanidad.
 Es notable además que la fecha en que se festeja la natividad de Cristo, el 25 de diciembre, en el solsticio de invierno, coincide con la del día en la que se conmemoraba el nacimiento de Mitra y de tantas otras deidades.

Y el nacimiento de Mitra dios solar, popular en Roma el siglo I al IV d.C., marca el 25 de diciembre, con una antigua veneración que encuentra sus orígenes en Mesopotamia, y fácilmente puede remontarse al segundo milenio a.C., cuya adoración se difundió más tarde en la India y posteriormente llego hasta el Imperio romano.

El nombre de Mitra es mencionado por primera vez en un tratado entre los hititas y los mitani, escrito hacia el 1400 a. C., mientras hacia el año 62 a. C., los soldados romanos adoptaron la imagen de este dios a su manera, le agregaron características no persas, y crearon una religión llamada mitraísmo que se expandió rápidamente por todo el Imperio romano, y que en su momento compitió con el incipiente cristianismo hasta el siglo IV.

La existencia de un paraíso para los buenos y un infierno para los malos es muy anterior a la confección de la Biblia, concepto planteado en los textos del Mitraismo persa cientos de años antes.

Un nuevo ejemplo de asociación y asimilación de creencias llega con Zoroastro de quien coincidentemente se dice haber nacido un 25 de diciembre.

Zoroastro es el nombre del profeta fundador del mazdeísmo o zoroastrismo conocido en Grecia como: Ζωροάστρης Zōroastrēs o Zarathustra y en avéstico como Zarathuštra que al ser castellanizado se convierte en Zaratustra. Se sabe casi nada de él de manera directa, y las pocas referencias que se conocen de él están rodeadas de misterio y leyenda.


Persisten una serie de discrepancias sobre el lugar de nacimiento de Zoroastro. Según algunas corrientes, nació en Rhages, ciudad cerca de Teherán, en Irán y otros indican a Afganistán o Kazajistán como su origen. Otras fuentes argumentan que Zaratustra corresponde más bien al título dado a una serie de maestros, supuestamente cuatro, y que no es el nombre concreto de uno de ellos, ya que el hombre al que se suele referirse como Zoroastro, habría sido el último de la serie.

Así pues, mediante cálculos indirectos sobre vagas referencias a otros personajes coetáneos o posteriores, se estima que nació entre el principio del primer milenio y el siglo VI a.C.

De cualquier manera, cuenta la leyenda que Zoroastro llegó hasta el rey Guhtasp, quien gobernaba una tribu situada posiblemente en Balkh al noroeste de Kabul, en Afganistán.

Allí Zoroastro convenció al rey junto con su tribu de adoptar sus creencias. De esta manera llegó a convertirse en religión oficial una de las primeras religiones monoteístas, aunque dentro de un marco dualista de la historia, tendencia denominada mazdeísmo o zoroastrismo.

El nombre de mazdeísmo en idioma avéstico procede del nombre de la deidad Ahura Mazda, quien está enfrentado a un ente maligno que recibe el nombre de Angra Mainyu o Ahrimán y es el hermano gemelo de Ahura Mazda. Esto de pie al conflicto entre el Bien y el Mal que marca la vida de los hombres.

Mazda significa ‘sabiduría’, es un nombre femenino como en griego lo es ‘Sofía’. Ahura significa, literalmente, el ‘ser alto’ masculino. Ahura Mazda es omnisciente, abstracto y trascendente, sin imagen concreta, por lo cual no es representable.

Es el dios del cielo, omnisciente y sacerdote celeste, líder de los Amesha Spenta, divinidades del zoroastrismo creadas por Ahura Mazda para ayudar a regir la creación (los ahura). Es un dios abstracto y trascendente, sin imagen concreta, por lo cual no es representable. Los zorastrianos usan el término atar para referirse al fuego y la luz, que son manifestaciones propias de Ahura Mazda.


Como base estructurada escrita del mazdeísmo, Zoroastro dejó una obra, conocida como el ‘Avesta’, por ser redactada en avéstico. Fue transmitida durante mucho tiempo de manera oral. , como el más alto objeto de culto a la primera divinidad, frecuentemente mencionada en la liturgia Yasna. En la cosmogonía y tradición zoroástrica, todas las divinidades menores son también creaciones de Mazda.

Ya en tiempos del Imperio sasánida se recopilaron los textos que pasaron a conformar el Avesta. Los pasajes más importantes son los cánticos sagrados, llamados gathas. Es posible que la obra date de tiempos de los sasánidas, entre el siglo III y VI d.C., aun cuando recogen una tradición oral, sin duda mucho más antigua.

Hay una interesante correlación entre los textos sagrados o Gathas de Zaratustra, El Yasna y en especial el capítulo de la creación plasmado en el libro de Isaías en el Antiguo Testamento. Esto se puede atribuir en gran parte a la influencia que los mesopotámicos imprimieron a los israelitas durante el tiempo que los israelitas vivían en Babilonia. Curiosamente, ‘el libro de Yasna’ hace preguntas que son respondidas directamente en el libro de Isaías. Hay una gran cantidad de ejemplos de influencias de zoroastrismo, pero éste en particular resulta ser uno muy controversial.

En otra parte, las escrituras zoroástricas expuestas antes de la creación de la biblia, ya hablaban de cómo Ormuz creó el mundo y los dos primeros seres humanos en seis días y descansó en el séptimo. Casualmente los nombres de estos dos seres humanos eran Adama y Evah.

Curiosamente la idea de los ‘Ángeles’ y los ‘Demonios’ no es originalmente bíblica, se debe decir que aparecen un sinnúmero de maneras en las que el judaísmo y el cristianismo fueron influenciados por el zoroastrismo. Uno de los principales ejemplos es la existencia, estructura y jerarquía de los ángeles y los demonios. Según los estudiosos, los zoroastrianos fueron los primeros en creer en los ángeles, en la idea de Satanás, y en la batalla en curso entre las fuerzas del bien y del mal.

Igual, el arte de la época de Zoroastro retrata al profeta Zaratustra como estar rodeado por el mismo halo de luz que muestran las figuras cristianas a menudo.

Durante su vida, Zoroastro se mostró fuertemente en contra de las religiones politeístas presentes en la zona del valle del Indo, la meseta oriental del Gran Irán y las márgenes y oasis del río Oxus.

Si bien en vida logró algunos éxitos, no fue hasta después de su muerte cuando el mazdeísmo alcanzó una gran expansión en buena parte de Asia Occidental y Central, convirtiéndose en religión oficial de los aqueménides, los partos y de los sasánidas hasta bien entrada la Alta Edad Media.

Las bases sentadas por el mazdeísmo y la polarización total del Bien y del Mal ejercieron una influencia importante en el judaísmo y a través de él en las religiones monoteístas surgidas en el Oriente Próximo a finales de la Edad Antigua, reflejadas en tanto en el cristianismo como en el islamismo.

Al final la presencia del cristianismo y la expansión del islam, erradicaron por completo el mazdeísmo, que sólo pervivió de manera meramente testimonial en algunas comunidades ocultas de Persia, en la isla de Ormuz en el Golfo Pérsico y en la región de Bombay en la India. La religión aún es practicada por unos 60.000 seguidores de Zarathustra en India y otros países y sus seguidores son llamados ‘parsis’.

 “El hombre cabal tiene la facultad de modificar su vida modificando su actitud mental”. 
William James.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

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Autor: Daniel García Vanegas

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