martes, 26 de abril de 2016

LA ASTROLOGÍA (17)


ASTROLOGÍA (17)


“Gracias a la consolidación del pensamiento, la astrología llega la fase humanista donde se acude a desarrollar una serie de conocimientos relacionados con la filosofía, la antropología, la psicología y demás fuentes del saber, hecho que conduce a revisar la teoría del comportamiento humano holísticamente”. Dennis Heron.

El ser humano en cuanto es un sistema físico-genético autónomo, constituye una parte integrante de una serie de sistemas superpuestos, pero sobretodo conforma una porción de la totalidad del denominado ‘sistema universal’, razón por la que cualquier ‘medición’ frente a otros sistemas resulta comparable a una interferencia, algo así como un mensaje energético que entra a funcionar en correlación con otros sistemas, precisamente porque simplemente, el sistema humano-genético ‘forma parte integral del sistema global’.

Para evitar los efectos secundarios que maraca la correlación entre la incertidumbre y las leyes de probabilidad, el ser humano debería ‘estar por fuera del sistema global’, es decir, del entramado del universo, lo cual resulta imposible dado reconocido estado natural corpóreo donde reposa su soporte de 3D.

Por cuenta de éste tipo de cuestionamientos, la disciplina astrológica en un momento dado, comenzó a perder su estatus teórico y académico, ya que decayó en gran medida la creencia común que aceptaba la astrología[1] como una disciplina válida y consecuente.

Es así como en general, la comunidad científica, entra a considerar la estructura de respaldo como una pseudo-ciencia, al argumentar que sus explicaciones no tienen mayor significado al momento de describir el funcionamiento del universo. Entre otras cosas, porque al igual sus intérpretes no pueden presentar una propuesta suficiente para justificar un mecanismo de acción que sea sólido, de modo que le haga influir sobre los acontecimientos y/o en el comportamiento de las personas, visto todo éste panorama a partir de la posición y el movimiento de estrellas y los planetas, posición que se da para un momento determinado o ante la revisión de las bases ciertas relacionadas con la biología y la física reciéntemente revisadas.

La ‘creación de la realidad’ desde la figura del astrólogo, deberá asumir entonces un papel de guía y utilizar un elaborado lenguaje de símbolos, imágenes, palabras y sonidos, para lograr transmitir los conocimientos astrológicos acumulados, de modo que estimulen al observador desde un nivel interno a revisar los eventos, incluso ante la presencia de cuestiones puramente materiales.

Si la astrología fuese comparada con el funcionamiento de una mecanismo, éste sería considerado como un instrumento poco eficiente; y aun cuando tal vez en un sentido se vea suficiente en cuanto trata de generar la producción de ciertos elementos que dan pie a un análisis e interpretación de algunos temas específicos, todavía resulta insuficiente con respecto a la producción de previsiones anticipatorias que se proponen como parte de su finalidad primordial.

Al medir solamente el producto final, es decir, el resultado obtenido a posteriori y visto en términos generales, resulta de alguna manera satisfactorio en términos de calidad. La Astrología en sí misma funciona, pero a menudo no está bien fundamentada, interpretada o aparece escasamente flanqueada por cuenta de la carencia de otro tipo de informaciones que son necesarias para establecer una relación consecuente con el contexto global, datos ya sean de tipo histórico-Personal del sujeto en cuestión, o del entorno, o del uso de los símbolos arcaicos que no visualizan la definición del impacto de los ciclos solares de cada temporada tal como son las influencias provenientes de la partición anual, mensual, diaria u horaria asumidas para su análisis.

Por supuesto, al complementar dicho análisis es posible aumentar la calidad del diagnóstico, o sea, lograr mejorar el producto final. No obstante, utilizar otras informaciones no astrológicas, significa añadir a un paquete de variables de por sí ya consistente, agregando numerosas variables que acentúan la complejidad propia del proceso de observación y de acercamiento a un resultado más acertado.

Además, se debe considerar el uso que será dado al producto final del análisis realizado por parte del sujeto-usuario, ya que de hecho, cuenta con una serie de efectos imprevisibles o indeterminados que socavan el escenario del mismo, formando clases o especies de interpretaciones en detalle, por cuenta de los análisis que se ven como elementos propios del diagnóstico y el pronóstico y que en general son efectuados por medio de palabras pobres o vagas que comprometen las posibilidades de acertar.

En un terreno netamente práctico, la astrología debe ser estudiada, más no utilizada, o mejor dicho, sólo debe ser verificada. Según algunos autores, en términos de adivinación, existen vías de salida y entre estas aparece el uso de medios tecnológicos de apoyo, como son los ordenadores cuánticos y otros métodos complementarios tales como los que proporciona el I Ching como herramienta tradicional, sistema que no se limita a la predicción mecánica de futuros eventos, sino que ofrece consejos profundos sobre las acciones por realizar.

En otras palabras, su disciplina sugiere tanto los comportamientos como las actitudes a asumir. Según la tradición, se acude a consultar el I ching, sólo en razón de cuestiones relevantes, atendiendo únicamente preguntas profundamente meditadas y que deben ser formuladas de forma tal que no puedan dar lugar a interpretaciones divergentes. Así que expertos recomiendan que previo a responder, el astrólogo debe convertir las informaciones astrológicas recaudadas a un formato "I ching", para de esta forma limitar los efectos interpretativos secundarios que se den por medio de la medición que restringidamente se realice.

Con razón o no, existe actualmente un fuerte prejuicio en el mundo contra la astrología, lo cual es comprensible, ya que su oposición se constituye una definida protección para cuidar a los crédulos, por demás tontos que en su actuación, quienes se hayan sometidos bajo una clara influencia del determinismo.

Está claro que la astrología no es una disciplina netamente científica, ni hace un uso debido del método científico, aún a pesar de la presión religiosa y la contraposición de algunas personas en favor de las propuestas de la ciencia, en especial nacidas durante los siglos XIX y XX, sin embargo se ha logrado mantener la cifra de adeptos en esta creencia, cuya historia se prolonga desde la antigüedad y aún permanece vigente.

En éste sentido, religiones como la católica que a pesar de tener sus propios observatorios son muy críticas con respecto a la astrología y condenan su práctica o incluso su creencia, pues ven que sus adeptos se alejan de su influencia, lo que consideran una pérdida de manejo de sus ‘rebaños’. Esto se debe a que existen muchas personas medianamente religiosas que a veces no son muy practicantes, quienes suelen creer a la vez tanto en elementos de la religión como la santería, como en la astrología sin llegar definir claramente sus preferencias o nadan en dos aguas.

Como se ha indicado, el caso de los signos del zodíaco constituye la representación de una serie de dibujos caprichosos que en un momento dado se diseñaron en el lienzo del cielo con simples fines orientativos, símbolos que fueron heredados por cuenta del incesante intercambio cultural que ha permeado las creencias por vía de la tradición oral, aunque en realidad su diseño básico varía dependiendo de cada pueblo, latitud y cultura que lo estudie.

Si bien es cierto que se ha concordado en darle formas determinadas y adjudicarles supuestos atributos tanto a las constelaciones como a los planetas, sin duda existen grandes contradicciones de interpretación al ser comparadas entre diversas culturas, como por ejemplo, el hecho que el planeta Venus sea considerado en occidente como el portador del amor, mientras para la cultura maya representaba algo que comporta una manifestación de índole negativa.

También se ha reconocido que se producen ciertos desajustes debido a los efectos de la precesión de los equinoccios en muchos casos no tenidos en cuenta o asumidos. Por ejemplo, la astrología afirma que alguien nacido el 30 de marzo tiene el Sol a 10° de Aries; mientras que en realidad en esa fecha y durante ésta era, el Sol se encuentra claramente ubicado entre las estrellas fijas de la constelación de Piscis. Tal contradicción se origina porque se miden cosas distintas. En la fecha indicada el Sol ya está en el signo zodiacal de Aries, mientras las estrellas fijas permaneces en la constelación de Piscis.

En términos de fechas y calendarios se pueden ver una serie de interpretaciones y posiciones que la gente del común y los astrólogos menos avezados no tienen claras, por cuenta de la aplicación tradicional de los signos frente a la real posición de los astros y por supuesto a la existente ignorancia de las diferencias entre el calendario sideral, el tropical solar, el solar sideral todo montado sobre un calendario gregoriano.

Entrado el siglo XXI en realidad son muchas las divergencias y muy pocas las coincidencias entre unos y otros, así que para el observador desprevenido una simple visión que le permite ubicar por ejemplo la fecha doy frente al horóscopo o la fecha de su nacimiento para tener una posición que le permita ubicar las diferentes asignaciones que se dan  en el curso del año solar, frente al año sideral y el lunar de trece períodos.

No es la intensión ni el alcance de ésta aproximación, pontificar al respecto, sino simplemente entregar una herramienta que sacie la curiosidad de aquellos que hasta ahora han dado un seguimiento cercano a éste ensayo y que se basa en la compilación de información proveniente de diferentes fuentes que se han venido citando en el curso del tránsito emprendido, más de carácter histórico que documental. Así se plantean las fechas:

FECHAS CALENDÁRICAS- COMPILACIÓN






Por otra parte, no ha sido posible demostrar plenamente que los astros ejerzan influencia alguna o específica sobre las personas. La única influencia física comprobada obedece a que algunos cuerpos ejercen efectos en las personas, sobre todo los astros más cercanos, ya sea por su atracción gravitatoria, o en razón de los efectos psíquicos derivados de las creencias personales, ello, sin ejercer una posibilidad aparente de llegar a dirigir la vida de nadie. Al respecto se argumenta que la fuerza gravitatoria que despliega por ejemplo la presencia del médico al momento del parto sobre un recién nacido, resulta unas seis veces superior a la que pueda ejercer por ésta vía, cualquier planeta en ese preciso momento.

Además, una crítica más punzante señala una excesiva vaguedad de las predicciones astrológicas, ya que por su tipo de formulación permiten ser ajustadas a casi cualquier persona o evento futuro que ocurra, dada la amplia generalización que hace la astrología, al encasillar a las personas en doce signos. Por ello argumentan que por ejemplo, una persona nacida bajo el signo de Leo, será poderosa y agresiva, lo que sería equivalente a afirmar que los nacidos en Acuario van a ser pescadores, marineros o submarinistas.

De todas maneras y a pesar de ello, tal como sucede con el Ave Fénix que emerge de sus propias cenizas, a finales del siglo XIX, sorprendentemente la astrología experimenta un nuevo resurgimiento iniciado en Inglaterra. Y aquellos argumentos que la propagan, ahora contienen un espíritu distinto a los que motivaron su desarrollo pasado. El principal impulso lo produce el surgimiento del pensamiento esotérico.

Por ejemplo, Alan Leo y otros exponentes quienes provienen de la cuna de la sociedad teosófica y que desde 1875, promueven un esoterismo libre-individualista y evolucionista, marcan tendencias que representan una perspectiva de tipo humanista que defiende el hecho que indica que cada persona es la responsable de su propio destino.

Las predicciones astrológicas, según ciertos puntos de vista, constituyen una relativa amenaza y un obstáculo para el observador que está de acuerdo con el grado de desarrollo mental y emocional que porta cada individuo y en función del grado de influenciabilidad al que se pueda someter.

Una persona altamente evolucionada, revisará sus paradigmas y se regirá sus propios astros y realizará todo lo que a su disposición le dicte la razón, diferente o no, de aquello que está predicho en el más detallado de los horóscopos, y por lo tanto, el dictamen que le sea asignado será inexacto, de modo que visto de una manera desapasionada, carecerá de mayor sentido.

Si alguien resulta fácil de inducir, pues su estado mental y emocional aparece subdesarrollado, existe entonces una alta probabilidad de que las predicciones dadas por sus astros le condicionen casi totalmente, siendo la interpretación de su horóscopo aparentemente exacta, vista en específico desde el ángulo preciso de la predicción.

Cuando éste último evento sucede y la persona acepta los dictámenes del horóscopo, su libre albedrío es infringido y por ende el observador actuará exclusivamente dentro de los límites impuestos por los mandatos del horóscopo, dando como resultado que no hará ningún esfuerzo personal para liberarse de los posibles factores determinantes que sean diferentes de los indicados en sus presagios.

Resulta motivo de gracia ver con frecuencia la gente se jacta de aceptar que su horóscopo es exacto y que todo les ha sucedido de acuerdo con lo que indica el mismo. La realidad es que ello significa que ellos simplemente son partícipes activos de la ley de causa y efecto. Empero, aquellos que tienen una vida causal, esto significa que el individuo conduce sus propios y únicos efectos renovados por su voluntad, mientras que otros, simplemente viven a partir del efecto, para éste caso, permanecen considerando que la causa que mueve sus actos es externa y por tanto, viene en un todo condicionada por los astros, lo que en buen romance en filosofía se ha llamado: ‘El determinismo’.

Y más tarde, debido a la influencia del fuerte desarrollo de la psicología profunda, esto es durante el período sucedido entre las dos guerras mundiales, ya aparecen los primeros exponentes de una astrología psicológica (Schmitz y Fankhauser), quienes rápidamente se apartaron del pensamiento determinista pregonado por la astrología de acontecimientos y pasaron a explorar los territorios propios de la nueva astrología simbólica.

De forma paralela, se desarrolla una segunda línea alrededor del nuevo pensamiento astrológico como se verá más adelante.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas

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ETIQUETAS: Astrología, zodiaco, horóscopo, almanaque, calendario, mitología, retrospectiva, cosmovisión, tiempo, sumerios, tradición, humanidad, historia.

Namasté…



[1] Kassell, Lauren (5 de mayo de 2010). «Stars, spirits, signs: towards a history of astrology 1100–1800».